Recuerdos

 

 

Recuerdo una casita en el campo, verdes colinas, anchos paisajes, a la izquierda la Masera, montañita en forma de cono truncado, similar a la imagen típica de un volcán. Lugar de juegos de adolescentes de los pueblos limítrofes. En ella se libraron las más   terribles hurrias a pedrada limpia, o encarnizados partidos de fútbol, con balón de reglamento, cuando le había,  entre los de San Pedro contra los de Ongayo, o el Soto o contra los de Vía y La Caraba, al final quien acababa recibiendo, casi siempre, cuando la pelota rodaba ladera abajo sin posibilidad de recuperarla, eran los vidrios de las ventanas de la casa-establo que en lo alto había. Lo recuerdo, ha pesar de que yo nunca subí, quizás de tanto sentirlo explicar a los mayores, mi generación fue la primera en no hacerlo, ya teníamos otras diversiones. Televisión, transistor, donde escuchábamos las últimas melodías, en el programa “Caravana de la Alegría”, del inolvidable Federico Llata Carrera. También los retos futbolísticos existían, pero no ya en la Masera, cualquier “prao” segado era bueno, si el propietario consentía o simplemente no nos veía. Pero lo que cambió por completo nuestras vidas fue la aparición de los ciclomotores. Quien no tubo una Derbi o una Puch ¡ah¡ aquellas maquinas de motocross, como saltaban los “morios”, (denominación que en Cantabria se da a las cercas de piedra seca). Válgame decir que siempre fui un “cagao” y no salte nunca ni una paja, eso lo dejaba para Ricardo el más hábil de los mortales en esos menesteres. Mi derbi variant, de color verde, regalo de mi hermano mayor, tampoco era lo más apropiado, para esas cabriolas. Esas maravillosas maquinas nos permitieron acudir a todas las romerías y verbenas de los alrededores, y lo que era más importante, volver a la hora que quisiéramos, sin la restricción de los horarios de autobuses, si es que había línea con la población, cuantas caminatas o pedaladas ahorradas.

 De frente a la casa, la cordillera del Dobra,  dominada por el monte del mismo nombre. Hoy esta codillera que aloja infinidad de cavidades, (el centro excursionista de Sans las documento allá por los años ochenta), la están destrozando completamente, las numerosas canteras, que ha instalado la compañía Solvay. Si os apetece saber más, http://www.loscantabros.com/principal.php 

 A la derecha Puente Avios, (el lugar donde nazi, pero en el  que solo viví un año), y las Quintas con la montaña del mismo nombre dominando el panorama. Mirando en esa dirección en días claros, cuando sopla el sur, pueden divisarse en el horizonte las cumbres del gran macizo de los Picos de Europa.

 Si miras mi álbum, Cantabria 2007, podrás reconocer algunos de esos lugares.

No se porque hoy me ha dado por recodar estas cosas. Quizás porque, en el pasado, por estas fechas acostumbrábamos visitar a mis viejos, no se, ¿nostalgia? Haber si puedo hacer una escapada pronto. En fin…        

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