Anécdotas de la “reentre”

 Casi había olvidado lo que significa estar
rodeado por casi trescientos niños, de tres a once años. Si los niños te
repelen estas perdido. Son terriblemente sinceros y algunas veces, tal vez por
sinceros, crueles. De todas formas como, a mi, lo mejor que me pudo pasar es
estar cerca de ellos, esta su “crueldad”, lejos de molestarme me divierte, me
ha llevado a reflexiones que no hubiera podido hacer sin sus ocurrencias.
 Los más pequeños son los que tienen la lógica
más aplastante, la pregunta que más veces me han hecho estos días:

      -¿Por que no venias a la escuela?-

       Mi
respuesta – porque estaba enfermo-

-¿Tenias mucha
fiebre?

– No, no tenía
fiebre-

– Entonces no
estabas malo-

– No estabas
enfermo, yo te vi en la calle-.

– Mi madre me
dijo que tenias malo el corazón, ¿te lo han cambiado?-.

-¿Estabas en
el hospital o en casa en la cama?-

– No, ni en el
hospital, ni en la cama-

– Así, ¿como
sabes que estabas malo?-

       – Mi padre dice que estas malo porque
fumas-

       – Encarna, (mi sustituta), cogía tus
herramientas-

 Los mayores, muy solidarios, -si te encuentras
mal te ayudamos-

 El recibimiento de los adultos, magnifico,
aunque esa sinceridad es harina de otro costal, precisamente por ser adultos. De
todas formas no tengo motivos para dudar de sus buenos deseos.

En fin, que soy uno de los pocos
privilegiados que disfrutan con su trabajo.

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