Vidas

 Ramona 
ronda la cincuentena de años, es madre de dos hijos que sobrepasan la
veintena, separada hace algo más de veinte años.  Su vida no puede decirse que haya sido  un camino de rosas, sin embargo es una persona
vital. Transmite alegría, por su sonrisa eternamente dibujada.

 Como muchos jóvenes en la década de los
setenta, decidió casarse joven, apenas cumplidos los  veinte años, huyendo de la “tiranía”  de unos padres excesivamente severos o
excesivamente estrictos con horarios, compañías y demás cuestiones que cuando
se es joven  te hacen sentir atado por
unas normas que  llegan ha abrumar.

 
Los primeros tiempos de matrimonio una delicia. El la venia ha buscar al
trabajo, tomaban unas cervezas juntos, compartían  las reuniones del grupo de amistades, sin
horarios, sin que nadie le dijera con quien podía o no podía relacionarse. Los
fines de semana discoteca hasta el cierre, a las tres de la madrugada en
aquella época. Tomar la última copa, en casa de cualquier amigo en las mismas
circunstancias, o esperar la salida del sol estirados en la arena de cualquier
playa…, cinco maravillosos años.

  
A partir de los veinticinco, sintió la llamada de la naturaleza y empezó
a sentir la necesidad de ser madre. Al final el, sin demasiado entusiasmo, consintió.
Nueve maravillosos meses de espera, de sensaciones sin parangón, trajeron un
hermoso niño en todo parecido a el, y también los primeros problemas. El nunca
acepto que ya nada podía ser como antes. Las salidas nocturnas, imposibles,
imposible combinar las tardes de cervezas con los amigos y el horario del
pequeño. Empezó ha salir solo y regresar a la hora de cenar. La vida sexual
condicionada. Las primeras discusiones, la primera falta de respeto, los
primeros reproches, el primer empujón, todo en una cascada de acontecimientos
sin saber bien como llego.  

  
Entre tanto y sin proponérselo, segundo embarazo. Nueve nuevos meses de
espera. Esta vez la ilusión fue sustituida por la preocupación de cómo decírselo.
La reacción de el, no por esperada, menos dolorosa. ¡El se sentía engañado¡
Como si no hubiera tenido nada que ver en el asunto.

 
Los problemas económicos, (ella hubo de dejar de trabajar), trajeron
nuevos motivos de desacuerdo, los desacuerdos broncas, las broncas  ausencias, las ausencias reproches, los
reproches faltas de respeto y estos agresiones físicas. Se cerró el círculo.

  
Tras una larga temporada de degradación personal y de soportar
vejaciones inimaginables, decidió que ya tenia bastante de ese color y le
planteó lo inevitable, marcho con los niños. Muy macho el, no quiso ser
abandonado y decidió que el sería el abandonador. Se fue ha vivir con una
jovencita con la que hacia tiempo que se veía.

    Si la situación anterior era inaguantable,
la nueva no iba ha ser un camino de rosas. Dos niños a quien alimentar y vestir,
la hipoteca que aun coleaba y, ¿qué pasara si me reclama su parte de la
vivienda? Ni que decir tiene que el dificulto tanto como pudo los tramites
legales de la separación. Al final, tras la intervención de unos buenos amigos,
accedió ha cederle el usufructo de la vivienda, ha cambio de desentenderse de la
manutención de los niños.

 
El problema ahora consistía en encontrar un trabajo. En plena crisis de finales
de los ochenta, se planteaba una misión imposible. Gracias a su espíritu
positivo, y a las buenas amistades, consiguió colocarse en la cadena de producción
de la fábrica donde había ocupado puestos administrativos anteriormente. No
importaba, la cuestión era salir adelante. Al cabo de un tiempo, alguien decidió
que era una pena despilfarrar una buena trabajadora y la restituyeron a su
antiguo puesto. El mejor sueldo y unas cuantas horas extra, le permitieron
cumplir todos los compromisos económicos.

  
Subir dos hijos sola, afrontando todos sus problemas de enfermedades
infantiles, tonterías de adolescencia, y problemas de juventud, acabo de
configurar un carácter solitario. Las obligaciones para con los hijos dificultaron,
en gran medida, el contacto con las antiguas amistades. Su vida social se
limito a pequeños contactos con madres de compañeros de estudio de sus niños,
no siempre agradables.

  
La dedicación a la familia, las comidas precocinadas, la falta de tiempo,
la edad fisiológica, fueron minando poco ha poco su antiguamente “buena
presencia”.

  
Poco a poco los niños fueron desapareciendo de casa, primero algunos
fines de semana, más tarde, todos los fines de semana, luego temporadas
enteras. Sin darse cuenta empezó ha tener demasiado tiempo para ella. Todo un
lujo. Decidió que era hora de cuidar su aspecto personal y se apunto al gimnasio,
hizo nuevas amistades, comenzó ha salir, primero con timidez, más tarde con
asiduidad. Comprobó que aun despertaba interés en el seso opuesto y pensó que había
pasado media vida sin actividad  sexual.
Decidió que si se le presentaba una oportunidad  no la dejaría pasar. Y ocurrió que una persona
a la que siempre había tenido cerca y  ha
quien nunca vio mas que como a un buen compañero le propuso una cena hoy, una excursión
mañana y así sin darse cuenta acabaron en casa y en la misma cama.

  
En uno de esos días, en que estaba acompañada, apareció por casa su hijo
mayor. El muchacho, que debía pensar que su mamá no era de carne y hueso, como todo
el mundo y que no necesitaba relacionarse, como todo ser humano, le monto una de
aquí te espero. Pero con la recién estrenada felicidad de relacionarse con y
como le viniera en gana, no estaba dispuesta a que le mostrara nadie el camino
y al día siguiente, su puerta, lucia una nueva cerradura. Si alguien decidía
entrar en su casa, habría de llamar antes a la puerta.

 Cualquier parecido; de este relato, fruto de mi
imaginación, con la realidad, es pura coincidencia, pero… ¿Por qué no pudo ser
así?

  
Este escrito hace días que anda por ahí, guardado en un archivo de mi
ordenador. Lo comencé ha escribir a raíz de un vídeo que alguien me envió y que
puse en una entrada hace días, (jugar a papas y ha mamas), no lo inserte
entonces y lo quise hacer el día nueve, día en que muchos spaces,  decidieron publicar entradas sobre la violencia
de genero. Tampoco lo hice entonces. Hoy lo he rehecho y lo publico. Es una
visión posible, desde una de las partes. La visión de la otra parte, la
publicaré próximamente. ¿O quizás debiera decir, esta es mi visión? Si, es más
correcto así.

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