“La Enfermera de Brunete”

Vaya semana, poco productiva, que
han tenido mis lugares de visita obligada. Parece que anden tan escasos de
tiempo, o de ganas, de darle a las teclas como yo mismo. Y es que asta la prolífica
y productiva Leni, ha andado renqueante esta semana. Lo positivo es que, el rápido
repaso de todos ellos,  me ha liberado
más tiempo para la lectura de la “Enfermera de Brunete”, que me tiene enganchadísimo.
Enganchadísimo y reflexivo. Su narración, (hasta donde llevo leído), de los
primeros días del estallido de la guerra del 36, me trae a la cabeza innumerables
preguntas que hubiera hecho a mi padre y que ya no podré hacer. Donde y como te
pillo la revuelta si que lo se, pues aunque te costaba hablar de estos temas,
alguna cosa si que  me explicaste en
alguna ocasión. Lo que ya no podré saber son tus sentimientos, que es lo que
ahora me interesaría. ¿Qué pudo sentir un muchacho de apenas 18 años cuando le
comunican que queda detenido, por cumplir lo que el consideraba su obligación?
Seguir pastoreando el ganado, parece que de un 
terrateniente, en las estribaciones de los Picos de Europa en Liébana. ¿Qué
se siente cuando, entra el otro bando y  te condenan, por no presentarte a filas?,
cuando ni siquiera nadie te comunicó nada antes.¿Que se siente, cuando al final
te incorporan a filas y te envían a pegar tiros sin  saber siquiera que es una mala escopeta de
caza? Ni escopeta de caza, ni nada que tenga relación con lo militar. ¿Que pudo
sentir un pastor que, hasta la fecha, no sabia del mundo más allá de las montañas
lebaniegas, cuando lo envían a seiscientos quilómetros de distancia?

  
Si me pudiste transmitir que se siente cuando un proyectil te deja
enterrado de medio cuerpo para abajo. Recuerdo tus ojos cuando “in situ”, me explicaste
detalles de aquella batalla  del Ebro,
en  el frente de Gandesa,  tú que nunca mostrabas tus emociones, aquel día
casi te derrumbas, recordando el pozo de agua, que tantas vidas, de ambos
bandos, costó y que estuvo a punto de acabar con la tuya y de paso con la mía,
claro…  

    Porque, si en un tiempo, me intereso más
las motivaciones políticas de aquel desastre, hoy me interesan más los sentimientos
de quienes, como tú, sin comérselo ni bebérselo se vieron envueltos en tamaña
historia.

     Lo único positivo de todo aquello, fue que
conociste a mi madre, en el Mataro de  posguerra, mientras hacías el servicio
militar. Y es que asta eso, después de casi dos años en el frente, tres largos
años de “mili”, lejos de casa, a mas de cuatro días de viaje, en aquel entonces.
En fin…  

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