El Carme, la historia de nunca acabar.

El pasado jueves, día 15, nos despertábamos con la noticia  del hundimiento parcial de un ala del ex
Convent del Carme. Justo la zona donde, con motivo de las obras de restauración
que se están llevando a cavo, se han demolido estructuras que no pertenecían al
original edificio conventual. Se trataba pues de devolver el aspecto originario
a la zona que, si mis informaciones son correctas, era la entrada principal.

 La poca o nula información que
sobre el  incidente ha trascendido, es
contradictoria y no creo que lleguemos nunca ha saber la realidad de los
hechos.

 Mi nulo conocimiento
arquitectónico no me impide hacerme una serie de preguntas, de las que estoy
seguro, nadie dará respuestas:

– ¿Se tuvo en algún momento en cuenta que la zona derruida era la más
afectada por termitas?

– ¿Se procuro no dañar la cubierta al retirar los elementos añadidos?

– Si esta quedo dañada, ¿no se previo un episodio de lluvias como el
de la pasada semana?

– ¿Realmente ha sido un avatar de las obras? ¿O más bien falta de previsión?

  Preguntas que seguramente
nadie hará y por tanto nadie habrá de responder. Y es que tanto en la redacción
del proyecto de rehabilitación como en los hallazgos arqueológicos encontrados,
se ha mantenido un secretismo feroz, tanto por parte de los responsables de la
obra, como por las administraciones implicadas. Lo poco que ha transcendido
siempre ha dejado entrever la inviabilidad económica del proyecto. Las últimas
declaraciones del Delegado de Enseñanza en Tarragona apuntan hacia el abandono
del proyecto como centro educativo. Se trata, seguramente, del último globo
sonda para tantear el estado de opinión de los que, en otros tiempos, fueron la
punta de lanza  de la reivindicación de
la consolidación del edificio como centro docente.   

El desenlace de la rehabilitación del Carme continúa una vez más
siendo una incógnita. Y continua siendo una incógnita por los mismos motivos de
siempre, nadie ha creído en ella nunca. Bueno nadie tampoco, la comunidad educativa
y los padres en general, salvo algunas excepciones,  que siempre abogaron por un centro de nueva
planta, los demás siempre estuvieron en primera línea. Lo que ahora no se es,
si después de los últimos acontecimientos, estarán aun por la labor. Y es que, “asusta
un poco pensar que el derribo se hubiera producido con los alumnos dentro”, nos
dice el señor delegado. Como si no hiciera ya tres largos años que marchamos del
edificio, como si no se hubieran hecho tareas de derribo en la  zona afectada. Desde buen principio todo ha ido,
sospechosamente, encaminado a hacer desistir a quienes eran partidarios de la conservación
del espacio como colegio.

  Si al final no se recupera el emblemático
edificio  como centro educativo, ¿Quién asumirá
el coste de su rehabilitación? ¿Se llevara, esta, algún día a cavo? ¿Se puede
permitir Valls perder un elemento histórico de estas características? Todas estas
preguntas fueron  lanzadas por mí, en un
intento de relanzar la protesta, excesivamente fría, en el famoso plenario
donde se discutía si el consistorio apoyaba o no la reivindicación de padres y
maestros. Hoy,  años más tarde, siguen teniendo la misma vigencia, solo
que hoy, el grito, lo lanzo aquí, escondido en este espacio que nadie leerá y
no delante del centenar de personas presentes en la “Casa de la Vila” y de los periodistas
locales, y es que la vida, en unos años, puede cambiarle a uno mucho. En fin…

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